Turismo en Israel y la degradación de la cultura

23 Apr 2010

Este vídeo está rompiendo moldes en la red. Hay cientos de blogs que se hacen eco de él (y algunos los denominan Los tres verdaderos titanes de la gilicanción latina), algunos sudamericanos vanagloriándolo, y los españoles y argentinos riéndose a carcajada limpia. Será el ser europeo, pero el sentimiento qué más siento es también el de la carcajada.

Primero, el vídeo:

La melodía es terriblemente pegadiza, pero el señor ese que grita al cielo diciendo “no puede seerrrrrr” no puede estar más carente de realismo. Por otro lado, los bailes, la letra, los trajes, la voz en off, y el montaje apoyan las tesis de los culturófobos.

Aunque no creo que ninguno hiciera más de 2000 puntos en el SingStar por la capacidad, innata, de desafinar, un vídeo de esta gente en el juego triunfaría.

La pobre Wendy parece que nunca ha ido a clases de canto y no sabría diferenciar una corchea de una blanca, o reconocer un do. Eso sí, la tigresa aúlla más que canta (ver minuto 2:52), en su caso quizás no llegaría a más de 500 puntos, que ya son más que los de las suturas de las operaciones estéticas que lleva encima. Eso sí, tiene la ventaja de que en el SingStar vocalizar tampoco es importante.

Por otro lado, los cromas dignos del mismísimo Supermán (sí, la del 78); parece que el concepto de threshold no ha calado por el estudio donde han montado semejante espanto.

Mención a parte merece la interpretación de Delfín. La primera vez que ví el vídeo me pareció indignante que hagan vídeos riéndose de las personas con discapacidad intelectual, disfrazándoles, haciéndoles cantar, y peor aún: grabándolos… Lo triste es que parece ser que no lo hicieron a posta (ver entrevista), vaya que se lo creen. Hay mucho Don Blas Carreño en el mundo, … cada día más.

La letra es digna del ganador al concurso de poesía de 1º de Primaria del Colegio Sagrado Corazón de un pueblo alejado de la mano de Dios.

Tecno folclore andino… Muy bien, y aun más: ¡bravo!

Lo guardo en la categoría “arte”, que Marx me perdone. Si Rubén Darío levantase la cabeza…