Viaje de los idiotas

22 Apr 2006

Esta es una historia que me sucedió hace un par de años, camino de Zaragoza. Nada más sentarme en el autobús se sienta un hombre a mi lado, gordito, de unos 35 años, con gafas antiguas.

La típica conversación de “Hola. Hola” se vió alargada de la siguiente forma:

  • Son amplios los asientos
  • Sí, eso parece
  • Debe haber unos 55 centímetros entre asiento y asiento
  • Debe ser, sí
  • Y el autobús debe medir unos 35-37 metros
  • Puede, sí
  • Yo es que soy conductor de autobús

¡Amigo! Ahí querías llegar, ¿no? Es increible qué destreza para iniciar la feliz disertación sobre su vida. Me comentó que era de Zaragoza y conducía autobuses de TUZSA, pero que antes de excursiones de niños y le gustaba más. Luego pasó a relatar qué le había traido a la ciudad que me vió crecer: una convención de cromos antiguos de fútbol.

Sí amigos, el frikismo, tal y como lo conocemos hoy en su faceta de no ser escondido, empezaba a existir. Los felices 2000 que les llamarán en un futuro. Me contó qué cromos le faltaban, los años cuyas ligas fueron más difíciles de plasmar por completo en un álbum y en ese momento se me pasó una cosa por la cabeza que quizás a más de uno ya le esté rondando: el invitado perfecto para una cena de idiotas.

Tranquilos, nunca he participado en un espectáculo de esa índole pero me vi muy tentado cuando me contó la convención a la que había ido a Madrid dos semanas atrás: ni boomerangs ni maquetas de las grandes obras de la ingeniería civil sino reproducciones a escala 1:20 (o algo así) de coches antiguos. Me contó materiales, fabricación, pintura, que tienen eje para que el volante mueva las ruedas, luces, reproducciones de las chapas corporativas… Vamos, un auténtico campeón de campeones. Meusieur Pignon en todo su esplendor.

El viaje acabó y yo, extenuado de la conversación, me despedí sin antes preguntar qué línea conducía por si algún día se me presenta la ocasión de una reunión “con gente importante interesada en sus ideas”. Para tranquilidad de mi conciencia he olvidado el número.

Y es que los frikis existimos, lo que ahora diferencia a un friki en tono peyorativo de uno sano es la capacidad de hablar, durante 4 horas, de un tema que a tu interlocutor no le interesa. Aunque sea como sea, aquel hombre, igual que tantos, es feliz, meta última de la vida según algunos así que: feliz vida, friki.

Nota: hice un comentario sobre el frikismo desde el punto de vista social en Grupos Sociales.