De sueños presentes

04 Oct 2005

No tengo miedo a que tu voz me busque
flotando entre los pliegues de tu sábana santa,
en la que imprimes cada noche tu cuerpo
y un desorden mojado de luz blanca.

Pienso en tu dermis sin más prisa que encontrarme
desecho por tus labios bajo el gozne de tu cuerpo;
iracunda por dentro y frágil en el fondo del aire
que calienta a soplidos el interior de mi pecho.

Y olvido que cerraste tus ojos a kilómetros de los míos,
que enrollaste tus costumbres rodeando tus propios brazos,
que te despediste de mí en un parto con epidural en tu raciocinio.

Mi catarsis es temporal pero suficiente en mi cabeza:
tus extremidades enganchadas a las mías
y denudos golpeados por el viento que no cesa.