Metro de otoño

22 Sep 2005

Un acordeón reverbera ahogado en un pasillo infinito
con sus teclas raquíticas como cadvéricos dientes;
constante murmullo de engranajes, aun asustados
por el fuego que les moldeó allá en su infierno.

Y yo te encuentro en cada luz que dejan atrás mis pasos,
y te miro, y te observo cada pétalo de piel enrojecida.
Silencio por respuesta en las cavidades de tus ojos:
el frío se solidifica entre acordes agudos como astillas.

Que de tu lengua me ofrezcas al menos tres gramos de soma,
que me mienta en tanto la mentira mime mis mismos desvaríos
que son ríos de luz inmensa que me oscurecen la aurora.

Quiero sentir el aire que se desliza entre tus dedos
abrir mis párpados cerrados, en el subsuelo,
donde los fantasmas se marean y caen muertos.