Amaneceres de nuevo

20 Sep 2005

Es la una y despierto con un grito en mis oidos,
en mi piel rastro de sueños en que te perdía:
sudor reseco y cansado de aparecer cada día
y el cabello aplastado y húmedo, aire perdido.

Hay ojos muertos, por cegarse a tus labios de sangre,
apoderándose de mis cavidades oculares en sombra.
Hay muertos sin ojos en un mar de ceniza en polvo,
llamándome cada amanecer, a chillidos, tras los cristales.

Y rasgo mis sábanas como de golpe, como de espanto;
en un espasmo me arranco la ropa mojada
de tu saliva de sueño y mi llanto incontrolado.

Dirijo mis pies al mármol y siento de nuevo el frío,
por fuera y por fuera, por dentro y por dentro,
agua, sudor y lágrimas mezclándose en el sumidero.