Rumor de campo

07 Jun 2005

Debido al calor ayer me pasó una cosa curiosa cuando me fui a dormir. Se juntaron cuatro hechos:

A lo que iba; en cuanto cerré los ojos, sentí el viento recorrer mi sábana, las manos, la cara, … Además oía el crepitar de las hojas de los árboles, el sonido del viento… Forcé un poquito mi imaginación y recordé las noches que he dormido en el campo al raso. Increíble; no hace falta decir que en esa situación tardé menos de un minuto y medio en quedarme más dormido que un abuelete al sol después de comer.

¿Moraleja? Pues que en estos tiempos inciertos, de materiales plásticos y microprocesadores a teraflops, la imaginación aún sigue siendo más poderosa de lo que los adultos creemos.