Supermareo

28 Jun 2005

Sales de un sueño para entrar en otro: miedo y lágrimas, corazones encogidos en fila india que pasan por tu pecho para ir explotando uno tras otro. Son los sueños horribles que se repiten hasta en las horas de vigilia.

¿Qué nos pasa a las personas? Podemos tenerlo todo y sentirnos los más infelices del mundo, los más desdichados, los más impotentes… Tan impotentes como tener lo que más anhelas en el mundo a centímetros de distancia y quedarte callado, no desde los labios sino desde el cerebro; en la práctica como si un cristal antibalas y antipalabras fuera un horizonte, porque los horizontes separan tierra y cielo, aparentemente juntos pero tan paralelos que nunca se tocan. Peor que no poder hablar es seguir oyendo; oyendo cómo el aire entra y sale frotando esos labios que quisieras hacer tuyos a golpe de sentimiento, que querrías violentar desde dentro, atacando por los oidos con las armas de tus palabras, que ahora callan. Nunca el callar las armas fue algo tan frustrante.

Sonrisas y lágrimas; sonrisas al otro lado del cristal, lágrimas de caudal seco en este lado del horizonte.

¿A qué viene esto? Pues a que las cosas no son siempre lo que parecen, o uno lleva demasiado tiempo haciendo que no parezcan lo que son… ¡Qué complicado! Las ideas y las sensaciones no suelen ser contantes sino que, bajo una constante, fluctúan iluminándote de otra forma las cosas que ves. Por eso hoy puedes sentir que te falta el aire al pensar en alguien cuando llevas un mes pudiendo respirar y sin este estómago encogido que no se ha recuperado aún de los exámenes. ¿Qué nos deparará el mañana? Pregúntaselo a tus sueños.