Humanización

30 May 2005

Como tantas veces ha sido dicho: <>.

Madrid, supongo que como todo, es capaz de lo mejor y de lo peor. Permite que estés encerrado entre números: cuatro paredes, sesenta kilómetros por hora, decenas de metros bajo tierra, quinientas mil personas todos los días compartiendo medio de transporte… Parece que nunca deja de haber números por todas partes: desde los cuadernos hasta los horarios de los autobuses: cientos de números separados por comas, dos puntos, o líneas perpendiculares. Todo parece tener sentido, tu futuro parece estar escrito como el resultado de una ecuación gigantesca; de esas que aunque quieras no puedes resolver pero que llega el profesor y te la desofusca.

Pero otras veces tus sentidos se llenan de cosas que no parecen tener sentido y, a pesar de ello, son maravillosas. ¿Cómo si no ibas a ser feliz en un parque con tus amigos? Pero feliz de verdad, no de boquilla o de reojo. Y eso que no sabes el número de briznas de yerba que te rodean, o las ventanas desde las que alguien podría estar grabándote… No, la vida no es tan compleja, los seres humanos no estamos hechos para estar rodeados de números, sí de personas, de sentimientos y de canciones.

Lo triste es que, hasta la canción más bella, puede expresarse como una secuencia, más larga o más corta, de ceros y unos… ¡Qué vértigo!