Dos de Mayo

03 May 2005

Ayer fue un día especial, uno de tantos en los que das la bienvenida a la primavera; o más aun, al buen tiempo. En Madrid el dos de mayo es uno de los días grandes ya que da pie a un puente que se enlaza con el Día del Trabajador, el 1 de mayo.

Comenzamos a las 7 de la tarde en una terraza de la calle San Bernardo, entre jarras de cerveza, tapas y conversaciones más que interesantes discurrieron las horas, una tras otra, hasta las 10. Me gustó ver aquel lugar porque para mí se convirtió en realidad el mito de que “existe un restaurante en el que si te comes la ración entera de cocido te regalan un viaje a Canarias”… Increíble, tengo ganas de ver cómo es la susodicha ración.

Luego fuimos, tras la pertinente parada en unos “chinos” de la calle Divino Pastor, a la plaza del Dos de Mayo (¡como debe ser!). Es increible la de recuerdos que vinieron a la mente al ver el panorama: buen rollo, mucho calimocho, canciones casi olvidadas que marcaron los pasos de muchos de nosotros hace años por Madrid.

Qué sano es estar con los amigos al aire libre. Aparte de lo bien que sienta el tener un espacio amplio por donde moverte es maravilloso despertarte al día siguiente y, aunque la resaca no te la quita nadie, tu cuarto no huele a bar, no huele a tabaco, alcohol y aliento de borrachos. Los pantalones que utilicé ayer me los he podido volver a poner para ir a tomar un café por el barrio… Viva el botellón… pero con respeto. Entiendo que diez o quince días al año es soportable el tener un botellón ruidoso bajo tu casa, pero realmente lo interesante sería distribuir a la gente. Que ninguna plaza tuviera tal aglomeración de gente que nadie pueda dormir en las casas colindantes; también es verdad que muchos de nosotros deberíamos tomar medidas para atenuar el efecto: no hacer ruido totalmente innecesario y disuadir al resto de que lo haga; y además recoger lo que llevas, si las papeleras de la plaza están a rebosar (toque de atención al ayuntamiento) pues lo llevas a las de las calles de al lado.

Y desde el punto de vista personal, qué guapas están las chicas de ese ambiente: hippies, góticas, heavies y alternativas… Echaba de menos el ambiente; ¡viva la primavera! ¡llenemos la calle de alegría!